Iria Seijas Pérez reseña Contra las Musas de la Ira



Jesús G. Maestro

Contra las Musas de la Ira.
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.

Oviedo, Pentalfa Ediciones, 2014, 460 pp.
ISBN 978-84-7848-565-9





Iria Seijas Pérez
Analecta Malacitana, 32, 1-2, 2015 (403-407).

Contra las Musas de la Ira es un libro de Jesús G. Maestro en el que se expone el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. El autor estructura su exposición en torno a ocho secciones: 1) Postulados Fundamentales; 2) ¿Qué es la literatura? Y como se interpreta desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura; 3) Genealogía de la Literatura. Origen, Concepción y Génesis de la Literatura; 4) Ontología de la Literatura. Los Materiales Literarios: Autor, Obra, Lector e Intérprete o Transductor; 5) Gnoseología de la Literatura. El Conocimiento Científico de la Literatura; 6) Genología de la Literatura. Crítica de los Géneros Literarios. Idea y Concepto de “Género” en la Investigación Literaria; 7) Concepto de Ficción en la Literatura; y 8) Idea, Concepto y Método de la Literatura Comparada.
Estos capítulos se basan en investigaciones previamente expresadas en una serie de libros de Jesús G. Maestro, donde aparecen desarrollados en mayor detalle. A través de la síntesis de sus contenidos en un solo libro, el autor “diseña una línea de pensamiento crítico y literario contraria a los enemigos del racionalismo, en relación dialéctica contra las musas de su ira” (p. 10).
Estamos ante un libro que se puede considerar esencial a la hora de interpretar el Materialismo Filosófico desde la Crítica y Teoría de la Literatura, así como el sistema de pensamiento de Gustavo Bueno, quien ejerce una gran influencia en esta obra.
El primer capítulo está dedicado a los cinco Postulados Fundamentales del Materialismo Filosófico como teoría literaria: el racionalismo, la crítica, la dialéctica, la ciencia y la symploké. Estos postulados, como método de interpretación literaria, permiten plantear una Teoría de la Literatura de base científica. Para ello, la obra parte de diversos procedimientos de interpretación literaria a los que contrapone el Materialismo Filosófico: filología, crítica literaria impresionista o mundana e ideologías del intérprete vertidas sobre la literatura. Contra estos métodos, el Materialismo Filosófico trata de incorporar una visión racionalista, mediante el análisis científico de tres conceptos principales: campo, espacio y material de investigación. A partir de ahí, se desarrolla la interpretación de la Literatura a través de sus cinco postulados.
El racionalismo se constituye en un postulado fundamental del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. Se parte de la premisa de que no es posible trabajar con ideas irracionales. Las ideas son construcciones de la razón humana, por lo que la Literatura consiste en un sistema de materiales racionalmente comprensibles. Al mismo tiempo, el Materialismo Filosófico, como Teoría de la Literatura, ha de desarrollarse de manera crítica. Esta crítica ha de ser científica y dialéctica, y ha de estar basada en una gnoseología materialista. Existen cuatro tipos de modos o procedimientos gnoseológicos posibles: descriptivismo, formalismo o teoreticismo, adecuacionismo y circularismo.

El Materialismo Filosófico se desarrolla metodológicamente a través de una dialéctica, que exige aclarar, desde sus propias coordenadas, todas las posiciones diferentes. A través de ella, va deconstruyendo dialécticamente las razones de la posición contraria poniendo al descubierto sus falacias ideológicas, su doxografía acrítica o sus conflictos éticos y morales. Asimismo, el Materialismo Filosófico presenta la Teoría de la Literatura como el conocimiento científico de los Materiales Literarios, y distingue a través de una semiología de la ciencia tres ejes fundamentales: la sintaxis (términos, relaciones y operaciones), la semántica (referentes, fenómenos y esencias o estructuras) y la pragmática (organización social del conocimiento literario y de los sujetos operatorios en él implicados, al distinguir autologismos, dialogismos y normas).
Finalmente, la idea de symploké implica que no todo está relacionado con todo, si bien tampoco nada puede concebirse aisladamente. La symploké se enfrenta al irracionalismo, al idealismo y al monismo. Como Teoría de la Literatura, el Materialismo Filosófico comprende el espacio o escenario gnoseológico en el que se sitúan los Materiales Literarios, como un conjunto de piezas organizadas en symploké.
Sentadas las premisas del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, el segundo capítulo de esta obra presenta una acotación del concepto de Literatura a través de los espacios antropológico, ontológico, gnoseológico y estético. De este modo, la Literatura se explica en el ámbito de la Antropología al ser una construcción humana, en la Ontología por ser un realidad material existente, en la Estética o Poética al ser una obra de arte y, por último, en una Gnoseología al tratarse un discurso racional y lógico.
El espacio antropológico se refiere al territorio, material y tangible, en el que se encuentran los materiales antropológicos. Este espacio contiene tres ejes: los seres humanos (eje circular), lo inanimado e inhumano (eje radial) y lo animado e inhumano (eje angular). En el eje circular, la Literatura alcanza una dimensión lógica y social; en cuanto al eje radial, la Literatura se manifiesta en una dimensión tanto física como tecnológica; y, por último, en el eje angular, la Literatura se manifiesta como una construcción y comunicación de trascendentes abstractos.
La ontología literaria se constituye y organiza en torno a diferentes géneros. El primer género de materialidad literaria (M1) interpreta la literatura como una realidad física. El segundo género de la materialidad literaria (M2) entiende por literatura el discurso en el cual los contenidos psicológicos y fenomenológicos son objetivados en formas literarias, estéticas o poéticas. El tercer y último género de materialidad literaria (M3) considera que la Literatura objetiva ideas, conocimientos y conceptos.
El objetivo del espacio gnoseológico, por su parte, es configurar la Literatura de la mejor forma posible para analizar los Materiales Literarios desde un punto de vista científico. La gnoseología dispone cómo formalizar conceptualmente los materiales literarios, con el fin de hacer posible su interpretación científica. Se divide en tres ejes: sintáctico (incluye los términos de la literatura, la relaciones existente entre ellos y las operaciones del sujeto o intérprete), semántico (sus sectores fundamentales son el fiscalista, el fenomenológico y el esencial o estructural), y pragmático (divide los materiales literarios en autologismos, dialogismos y normas).
Por último, en el espacio estético el ser humano ejecuta materialmente la construcción, codificación e interpretación de una obra de arte. Es un lugar también existente y físico —no ideal ni metafísico—, cuya interpretación semiológica se da también en tres ejes: sintáctico (medios, modos y fines), semántico (mecanicismo, genialidad y logicismo) y pragmático (autologismos, dialogismos y normas).
En el tercer apartado la obra presenta una Genealogía de la Literatura, en la que se explica el origen, concepción y génesis de la Literatura a través de cuatro familias literarias: literatura primitiva o dogmática, literatura crítica o indicativa, literatura programática o imperativa y literatura sofisticada o reconstructivista. Para explicar esta Genealogía, el autor parte de la distinción de dos elementos: tipos de conocimiento (racional o irracional) y modos de conocimiento (crítico o acrítico). La combinación de estos elementos da lugar a las cuatro familias literarias mencionadas, las cuales posibilitan la objetivación crítica de la Genealogía de la Literatura.
La Literatura Primitiva o Dogmática presenta formas de conocimiento acríticas e irracionales, basadas en el mito, la magia, la religión y la técnica. En el contexto del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, la literatura primitiva o dogmática tiende a interpretar el mundo desde M, es decir, desde una metafísica. Las obras que mejor representan esta familia literaria serían, según el autor, la Biblia y el Corán.
Las formas de conocimiento de la Literatura Crítica o Indicativa son, por el contrario, racionales y críticas. Esta literatura parte del Mi (la Idea de Mundo Interpretado según el Materialismo Filosófico). Se encarga de acabar con los elementos propios de la literatura primitiva o dogmática (el mito, la magia, la religión y la técnica), a través de la desmitificación, el racionalismo, la filosofía y la ciencia, respectivamente. Como obras representantes de esta familia se mencionan la Ilíada y la Odisea. El Quijote se revela como la principal obra de este familia literaria.
La Literatura Programática o Imperativa está basada en un racionalismo acrítico, es decir, sus tipos de conocimiento son racionales y sus modos de conocimiento son acríticos. Parte de M (la Idea de Mundo del Materialismo Filosófico). En esta familia literaria, la desmitificación, el racionalismo, la filosofía y la ciencia de la literatura crítica o indicativa se ven sustituidos por la ideología, la pseudociencia, la teología y la tecnología, respectivamente. Un autor que sirve de ejemplo a este tipo de Literatura es Bertolt Brecht.
En último lugar, la Literatura Sofisticada o Reconstructivista compagina contenidos pre-racionales con saberes críticos. En ella están presentes, así pues, tanto elementos antiguos como modos de conocimiento basales construidos sobre un racionalismo. Aquí, la mitología se disuelve en la psicología, la magia en el sobrenaturalismo, la religión en el animismo puro, y la técnica en el reconstructivismo. Esta literatura parte tanto del Mi como del M. Gargantúa y Pantagruel de Rabelais ejemplifican este tipo de literatura.
El capítulo cuarto expone una Ontología de la Literatura apoyada en una crítica de los materiales literarios: el autor, la obra literaria, el lector y el transductor o intérprete. Cada uno de ellos lleva a cabo una función insustituible y atributiva. Su relación casual produce el cierre categorial. Para interpretar los Materiales Literarios se realiza una clasificación de las teorías gnoseológicas, basándose en la conexión entre materia y forma. Estas teorías son: descriptivismo, teoreticismo, adecuacionismo y circularismo.
El Autor se analiza desde las teorías descriptivistas. Se trata de un sujeto operatorio, un ser humano que forma parte, en el espacio antropológico, de un eje circular, configurado en una sociedad organizada políticamente. Por esta razón cuenta con una serie de leyes que protegen sus derechos de propiedad sobre lo que escribe. Por su parte, la Obra se analiza críticamente más allá del teoreticismo y de los formalismos. El texto es el sistema en el cual se objetivan las Ideas formalmente objetivadas en los Materiales Literarios, ideas que están fundamentadas en la realidad, y no en una metafísica o en un idealismo. El Lector se analiza contra las teorías adecuacionistas de la estética de la recepción. Al igual que el Autor, es un sujeto operatorio, un ser humano, pero su papel es interpretar las Ideas objetivadas en los Materiales Literarios. El lector ideal no existe, y su configuración se critica durante en la teoría literaria de Maestro. Finalmente, el Intérprete o Transductor es la pieza clave para que se produzca el cierre categorial de los Materiales Literarios. El transductor se analiza desde el circularismo gnoseológico. Su labor es interpretar la literatura para los demás, por lo que tiene la capacidad —el poder— de implantar su interpretación a terceras personas.
El siguiente capítulo se ocupa de la Gnoseología de la Literatura. Desarrolla un conocimiento científico de los materiales literarios que se apoya en criterios basados en la conjugación entre forma y materia. Para ello, estudia las posibilidades y condiciones de formalizar la crítica de los materiales literarios acreditando así su cierre categorial. La Teoría del Cierre Categorial es la teoría de la ciencia que desarrolla de forma específica el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento. Percibe las ciencias como sistemas racionales y lógicos, fundamentados por materiales que se describen también como racionales y lógicos, además de conceptualizados y categorizados.
Mediante los procesos de cierres categoriales se busca neutralizar todos los elementos subjetivos que se encuentran en el espacio gnoseológico. Para lograrlo se recurre a construcciones objetuales y proposicionales. Las construcciones objetuales son operaciones (sintácticas), mientras que las proposicionales son relaciones (también sintácticas). En virtud de las construcciones objetuales se establecen términos a partir de fenómenos (mediante operaciones), mientras que las construcciones proposicionales establecen términos a partir de términos. Las operaciones posibilitan la construcción de fenómenos en términos, y las relaciones ya permiten establecer relaciones entre términos preexistentes y otros términos dados en el campo categorial.
El objetivo de la ciencia es transformar la realidad, porque toda ciencia es siempre operatoria. En esa operatoriedad radican las diferencias entre principios y modos de construcción científica. Los principios de la Teoría de la Literatura son ocho: Postulados Fundamentales, Conceptos Fundamentales, Genealogía de la Literatura, Ontología de la Literatura, Gnoseología de la Literatura, Ficción de la Literatura, Genología de la Literatura y Literatura Comparada.
Por otro lado, siguiendo a Gustavo Bueno, se señalan cuatro modos científicos: descriptivismo, teoreticismo, adecuacionismo y circularismo. De estos cuatro modos, Maestro opta por el circularismo, que exige que las ciencias mantengan una relación entre materia y forma de manera que ambas dimensiones sean solidarias e indisociables. Además, el circularismo resulta fundamental porque introduce la figura operatoria del Transductor, la cual hace posible el cierre categorial de los Materiales Literarios.
En el sexto capítulo se expone una Genología de la Literatura, es decir, una teoría crítica de los géneros literarios. El Género es el grupo de características comunes que pueden identificarse según criterios formales y materiales entre las partes que componen una totalidad. Por lo tanto, según Maestro, los géneros literarios son los distintos conjuntos de características comunes que pueden identificarse de manera formal y material entre las partes o especies que componen la totalidad de las obras literarias aceptadas como tales.
La teoría de los géneros literarios resalta las cualidades genéricas, es decir, las características exclusivas de cada una de las partes de un todo frente al propio todo que las envuelve. Este capítulo delimita el concepto de “género” en la investigación literaria según la teoría de las esencias plotinianas frente a la teoría de las esencias porfirianas. Por un lado, las esencias porfirianas identifican el género y distinguen la especie. El modelo porfiriano o distributivo responde a un planteamiento basado en las figuras gnoseológicas de la desmembración y la taxonomía. Por otro lado, las esencias plotinianas identifican un orden genético a partir de arborescencias, cuyo fin es identificar el tronco común de las diferentes especies de partida. El modelo plotiniano o atributivo responde a un planteamiento basado en las figuras gnoseológicas de la agrupación y de la tipología, comprendidas ahora según un modo de construcción ascendente y un modo de estructuración atributivo.
El penúltimo capítulo explica el concepto de Ficción en la Literatura a partir de las ideas de existencia estructural y existencia operatoria, hasta concluir que la ficción literaria es fundamentalmente una materia carente de existencia operatoria. La mayor parte de las teorías literarias conocidas sobre la ficción están basadas en argumentos puramente psicologistas, caracterizadas por una exaltación metafísica e ilusoria de las formas literarias, concebidas desde una suerte de “creacionismo mágico”. En algunos casos, se trata de explicar este piscologismo generador de la ficción literaria en términos fenomenológicos o pragmáticos. Maestro lleva a cabo una crítica demoledora de la teoría de la ficción basada en la idea de mundo posible.
Contra las musas de la ira sostiene que la idea de ficción en la que se ha fundamentado tradicionalmente la teoría literaria no puede mantenerse en la actualidad sin incurrir en múltiples contradicciones conceptuales y científicas, que hacen inviable su utilización en cualquier ejercicio racional y lógico de interpretación literaria. Según los criterios ontológicos del Materialismo Filosófico, toda interpretación literaria ha de estar implantada en el presente, y está determinada por la realidad y materialidad de los términos constituyentes de su campo gnoseológico: el ser es siempre material, o no será nada, aunque sea ficticio. La ficción tiene siempre un fundamento real, es decir, un fundamento material.
El capítulo octavo, con el que concluye la obra, analiza la idea, concepto y método de la Literatura Comparada desde la figura gnoseológica de la relación de materiales literarios, como criterio y pauta metodológica fundamental en el ejercicio de esta rama de la teoría literaria. La Literatura Comparada no es una disciplina, sino un método de interpretación destinado a la relación crítica de los materiales literarios, esto es, a la formalización de los materiales literarios dados como términos en el campo categorial de la literatura, según escribe Maestro. La esencia de la Literatura Comparada se ha consolidado siempre en la Idea de Comparación, la cual remite al concepto de symploké, dado entre los materiales literarios. El núcleo de la Literatura Comparada es la comparación como figura gnoseológica, es decir, como relación, pero no como figura retórica. Gnoseología no es tropología, reitera Maestro con frecuencia. Se habla de relator para identificar a esa figura que permite al intérprete o comparatista actuar como un sujeto operatorio al relacionar entre sí términos o referentes literarios.
También se ocupa el autor de explicar aspectos como la crítica de los metros, prototipos, paradigmas y cánones literarios, esenciales en el ámbito de la Literatura Comparada. Así, los metros son los estudios destinados a comparar un lector con otro, una obra con otra, un autor con otro y un transductor con otro. Los paradigmas son las interpretaciones que conceptualizan la influencia que un lector célebre de una obra puede ejercer sobre otros lectores, o el impacto que un transductor de una obra puede ejercer en otros intérpretes. Los prototipos hacen referencia a las interpretaciones dedicadas al impacto de un autor en una obra, de una obra en un autor, de un lector en una obra, de un transductor en una obra y de un transductor en un autor. Por último, los cánones, en el contexto de la Literatura Comparada, son las interpretaciones que dan cuenta de la influencia histórica que lectores y transductores concretos han presentado sobre otros lectores e intérpretes, los cuales han utilizado a los primeros como referencia para sus propias lecturas e interpretaciones.
En síntesis, Contra las Musas de la Ira recoge una amplia exposición del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. Como punto de partida, el autor desarrolla los postulados del Materialismo Filosófico para, a continuación, ir presentando el concepto de Literatura desde una dilatada perspectiva. En la obra se analizan aspectos como su génesis o los materiales que la conforman, que se completan con un examen de aspectos fundamentales, como los géneros literarios o el concepto de ficción en la literatura. La obra ofrece una visión extensa de la Literatura estudiada bajo la óptica de los principios del materialismo filosófico. Es un trabajo que permite reunir en una única obra una profusa labor de investigación desarrollada por el autor en diversos libros.

  
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